15.04.12
Hoy quiero comentar varios temas muy diferentes entre sí, pero que me parecen interesantes.
Hace unos días leí un artículo que se publicó en el diario Expansión escrito por Stéphane Garelli (1), y donde hace referencia al Anuario de Competitividad Mundial que elaboran. Expone las claves que marcarán 2012. En primer lugar, cuestiona el hasta ahora aceptado concepto de “economía global” (mundial, unificada y con modelos de negocio globales), porque -explica- hay demasiadas diferencias entre los países concretos y sus modelos de desarrollo, y la crisis actual está derivando en una fragmentación de la economía mundial. Las empresas “globales”, sigue, deberán dar respuestas más adaptadas a la situación de cada concreto.
En segundo término resalta que nunca ha habido tanto cash en los balances de las empresas más importantes; apunta que puede avecinarse una oleada de fusiones y adquisiciones. En tercer lugar incide en el problema del paro (10,4 % en Europa y 8,6 % en USA; a nivel juvenil las cifras son el doble de las indicadas, excepto en España que es casi cinco veces más). Se pregunta cómo se reducirán y argumenta que se deberá exportar y fabricar abordando una reindustrialización, y recuperando el peso que este sector ha perdido en términos de PIB: será, dice, la solución para economías maduras (más fabricación doméstica, el “madie in”).
Finalmente, augura la superviviencia del euro (bueno es tener estas positivas predicciones), esperando que el BCE sera el “prestamista de última instancia”. Esperemos que esta vez sea sí … porque (en mi opinión) no hay más remedio. Tiempo al tiempo.
Otra noticia. Me ha parecido relevante la firme determinación que se ha mostrado en relación al problema reciente surgido con Argentina (Repsol e YPF), sin entrar en componendas que diluyan “determinados principios” básicos. Si quieres que te respeten tienes que hacerte respetar, lo cual puede extenderse a cualquier tipo de relaciones.
Argentina es un país, grande y complejo, donde he estado en numerosas ocasiones. Me ha quedado la impresión que en realidad había “varias argentinas”. A pesar de sus contrastes, resulta un país muy interesante. Un amigo de allá me regaló, y leí con mucho interés, el libro de Marcos Aguinis “El atroz encanto de ser argentinos” (2): describe muy bien determinadas situaciones y ayuda a entenderlas. Recomiendo su lectura. Podrá quizás comprenderse mejor, entonces, varios párrafos de la famosa “No llores por mí Argentina”, la canción más conocida del musical Evita (1978, Andrew Lloy y Tim Rice, adaptado al cine y cantada por Madonna, Don’t Cry for me Argentina, aunque me gusta más la versión de Nacha Guevara): “… debí cambiar y dejar de vivir en lo gris siempre tras la ventana…”
País maravilloso, Argentina, con personas muy preparadas y emprendedoras que deja huella, y quizás se parece a nosotros mucho más de lo que aparenta (aunque también hay notables diferencias): de ahí que la crisis que vivieron tenga determinadas semejanzas “de fondo” con la situación que estamos viviendo aquí, en España (así me lo ha recordado esta semana un buen amigo que está de viaje en Bangkok). Ahí lo dejo.
Precisamente, durante las últimas semanas me han llegado algunos correos referidos al concepto de “reputación” aplicado a los territorios, que expuse y publiqué en febrero en la serie To be or not to be (3), en este mismo blog. Quiero referirme a dichos comentarios recibidos, que exponían cómo, ahora, a los ciudadanos lo que les interesa son los resultados y no cómo se obtienen, no compartiendo por tanto algunos de mis planteamientos porque -decían- la reputación es muy difícil de lograr en los tiempos actuales donde se cruzan todo tipo de intereses (como ocurre con los mercados). En mi opinion, pudiendo entender lo relativo a dichos resultados, quizás estos no sean sólidos y perdurables y/o se lograrían en mayor cantidad precisamente por la confianza que genera la reputación. Lo que pensemos de nosotros es irrelevante, siendo decisivo “cómo nos vean “, y si de seriedad se trata, con mayor motivo.
Buena semana a todas y todos.
(1) La competitividad en tiempos de incertidumbre. Garelli es Director del Centro de
Competitividad Mundial de IMD (escuela de negocios), Expansión 06.04.11.
(2) Editorial Planeta, 2001.
(3) http://www.dsanturtun.com/blog/2012/02/to-be-or-not-to-be-i/, y siguiente.
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Esta semana os invito a leer un articulo publicado en la web especializada http://10decoracion.com/, donde intento abordar algunas cuestiones referidas al sector del mueble, por su incidencia en numerosas pymes familiares (comercios minoristas).
El enlace es el siguiente: http://10decoracion.com/no-mirar-por-el-retrovisor/
18.03.12
En el anterior blog (1) cité una conocida reflexión de Einstein (“… en épocas de crisis no se puede seguir haciendo lo mismo y de la misma manera …”); la emplearé para plantear hoy varias propuestas de apoyo a las pymes, en términos de modelo transversal de trabajo. Sería lo siguiente:
1. Mejorar determinadas condiciones básicas generales, especialmente dos:
a) Impulsar la demanda. Es esencial. Ejemplo: en el barómentro del CIS de febrero de este año, el Índice de Confianza del Consumidor baja 10 puntos respecto enero, y peor aún es el descenso en 14 puntos del Índice de Expectativas. No extraña, por todo ello, que el 88,6 % no tiene previsto adquirir bienes para el equipamiento del hogar… En varios lugares se han abordado “planes renove” que han funcionado bien. Un 40 % de la población podría gastar y no lo hace. Hay que tomar medidas en positivo, sin dilación.
b) Apostar por las alianzas entre empresas, para ganar tamaño y capacidad competitiva (internacionalización, reducir costos y/o aumentar la productividad, I+D+i, vender en otras regiones …).
2. Concretar los objetivos (a veces no es fácil). Deberíamos hacerlo en dos ámbitos: creación de nuevas empresas, y apoyo a las existentes (base de la capacidad endógena y la creación de empleo); y en este caso en dos direcciones: cómo mejorar al 25 % (2) más competitivas (aquellas que han aprovechado estos años para revisar la visión y la estrategia corporativa y competitiva, redefiniendo los objetivos), y el 40-45 % que precisan ayuda para reducir la incertidumbre (y sus problemas) y generar auténticas ventajas competitivas. Requerirá previamente establecer unos criterios de priorización, para la selección del binomio sectores – empresas, basados en diversas herramientas de análisis.
3. Establecer un conjunto de medidas operativas (“el plan”): en términos prácticos disponer de Intraestructuras, Financiación e Instrumentos (lo llamo sistema IFI), con su despliegue estratégico primero a nivel sectorial.
a) Infraestructuras: suelo industrial, parques tecnológicos, clústeres (como nos recordaban en un comentario al blog anterior), comunicaciones, …. De esto creo que algo ya hay. No sería el principal problema.
b) Financiación: con subvenciones no basta, hay que asumir riesgos. El día 10, el diario Expansión (“Pymes: impacto y retos de la crisis en su financiación”), aportaba una serie de ideas que recomiendo leer. Mientras se aclara cuándo empezarán a prestar dinero los bancos, además, habría que ir pensando cómo cambiar las reglas del juego y establecer nuevos mecanismos, propios del también nuevo paradigma como sería el caso de fomentar la cultura de invertir por parte de la iniciativa privada en el desarrollo de determinadas empresas, con adecuados incentivos fiscales; constitución de muchos más avales (capital riesgo), … Una auténtica política de Estado (como la Educación y la Sanidad), por su importancia en el bienestar general y local.
c) Instrumentos: sinceramente, creo que los instrumentos actuales de apoyo a las pequeñas empresas deben mejorar. Una de las claves quizás esté en el nuevo papel que deberían desempeñar las organizaciones empresariales (y otras entidades), asumiendo un rol mucho más activo y orientado a ser auténticos facilitadores de servicios de valor en cantidad suficiente y necesaria (también puede ayudarles a financiarse y depender menos de las subvenciones). Dichas entidades deben basarse en un conocimiento muy profundo de la situación de cada sector (ámbito esencial), conocer qué empresas necesitan ayuda, e implicarse en las actuaciones a nivel sectorial e individual. Y, a partir de ahí (las necesidades) buscar la colaboración público – privada cuando sea necesario, que lo será. Todo lo cual, por añadidura, facilitará que tengan más reconocimiento y valoración social.
Los empresarios son los que tienen más interés en salir adelante, y por esta razón y otras deben asumir mucho mayor protagonismo en su propio futuro sin esperar a que una AA.PP. venga en su ayuda y menos que gestione proyectos y/o “lidere” (es difícil lo pueda hacer, salvo lo macro) una determinada reconversión; otra cosa es distribuir los recursos públicos y aplicarlos a las pymes (forma parte de su papel subsidiario). Hace unos días escuché, en una reunión, a un cargo público hablar del “sector” de la innovación: siempre había creído que era una actitud para cualquier actividad, no circunscrita… En resumen, los que más saben son los empresarios.
Es preciso revisar y actualizar el papel de los diferentes “agentes económicos y sociales” y el actual status quo, haciendo mayor hincapié en las claves competitivas. Ejemplos:
A) Muchas Agencias de Desarrollo Local (algunas ya lo hacen) deberían trabajar de forma más estrecha y ponerse a disposición de las organizaciones empresariales, para crear auténticas sinergias.
B) ¿Es excesivo el protagonismo de algunas CC.AA, no todas, en la gestión de los sectores económicos? Quizás la respuesta sería el papel que deben recuperar los empresarios a la hora de seleccionar y coordinar las acciones concretas. En muchos casos ocurre al revés.
C) Soy de los que piensan que deberían ponerse a disposición de las empresas parte de los recursos dedicados hoy a formación y desempleo (sus aportaciones), empleándolos en su propio futuro (afrontando determinadas inversiones y mejoras productivas, elaborando planes estratégicos, diseño de producto, etc). Esos ingentes recursos quizás darían un resultado muy superior en manos de las empresas, con el control preciso y el pertinente cambio normativo.
D) El Estado debe ayudar a los más débiles: ¿incluyendo en ello a las pymes?
Pero, todo lo anterior no resuelve el problema presente de superviviencia de numerosas empresas pequeñas. Por este motivo, en términos de plan de choque, apostaría por medidas que impulsen la demanda y un ambicioso proyecto de avales (en la región donde vivo se está empezando a hacer) para salvar lo que puede ser viable.
Acabo, y vuelvo al principio: en el fondo Einstein nos hablaba, al decirnos que hay que cambiar, de INNOVACIÓN para salir de la actual situación. ¿Seremos capaces de abordarlo? Necesariamente sólo tenemos un camino posible. Por tanto, debemos y ¡PODEMOS!. Hasta la semana próxima.
(1) http://www.dsanturtun.com/blog/2012/03/quo-vadis-y-ii/
(2) Cfr. (1) y también http://www.dsanturtun.com/blog/2012/03/quo-vadis-i/
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11.03.12
En el blog anterior (1) me referí a “la urgencia de apuntalar a numerosas empresas que pueden ser viables”. Para lograrlo (cada vez estoy más convencido) es necesario establecer unas nuevas reglas del juego, incluso en el corto plazo “rabioso” donde hace falta visión y AUDACIA para actuar con eficacia y rapidez. Vayamos por partes.
En los últimos años (y más ahora), se está insistiendo mucho en apoyar la creación de nuevas empresas, en especial las de base tecnológica. Esta política, saludable y necesaria, en ocasiones lleva consigo olvidarse de las que “ya están”, las de siempre. Según el INE, en España había 3.250.576 empresas en 2011, de las cuales el 95,20 % son microempresas, es decir con < 10 trabajadores (si sumamos hasta los 49 asalariados, llegamos al 99,2 %), que son precisamente las que conforman la capacidad endógena de un lugar concreto, las que sostienen la trama social y laboral. Estaremos de acuerdo que cualquier política deberá -como mínimo- combinar el apoyo a lo nuevo, pero sobre todo a lo “viejo” para que aumente su capacidad de competir. Por eso me ha parecido tan interesante el comentario que recibimos de un Ayuntamiento de Canarias sobre un programa concreto en dicha dirección (después me he enterado que también están implicados el ITC y otros organismos de dicha región).
Un cambio de “modelo productivo” precisa de 10 – 20 años (y nunca 1 – 4), y en las actuales circunstancias la urgencia implica tener que actuar con un horizonte inmediato para lograr que muchas empresas que aún pueden salir adelante reciban la medicina que precisan, sin esperar. Si miramos atrás, a los años recientes (periodo 2007-2011) y deduciendo a partir de datos del INE, el número de empresas ha descendido en 86.081. Además de lo complicado que resulta obtener información completa en España, estoy convencido que las bajas (netas, combinado con las altas) son una cantidad real mayor. ¿Cuantas se podrían haber salvado? ¿Y, cuantas más cerrarán este año pues, ahora, la cuestión es que muchas pymes familiares han ido aguantando y están ya sin fuerzas?.
No es fácil combinar acciones a corto y largo plazo a la vez y en paralelo. Pero no hay más remedio, y aunque es muy tentador querer “inventar” y apoyar nuevos sectores e ideas (debe hacerse aunque darán sus frutos dentro de varios años), y resulta menos atractivo abordarlo en actividades tradicionales, para mejorarlas, hay que actuar con inteligencia dando prioridad a taponar la sangría de la destrucción de empleo, pues en esto se traduce (en gran medida) el cierre de tantas pequeñas empresas. Quizás la cuestión es cómo implementar una política determinada y qué criterios de selección -por la limitación de recursos- debería abordarse.
Recuerdo que en el año 2000 elaboramos un informe sobre el futuro del pequeño comercio (ya se hablaba de crisis, aunque era otra: la de ahora es la “de verdad”). Refiriéndonos a 4 CC.AA, observamos que el 25 % de las empresas realizaba una gestión moderna (cadenas, marcas líderes, otros); un 35 % tenían una situación intermedia pero con claras opciones para mejorar su posicionamiento, con medidas concretas; un 10 % lo tendrían más difícil, pero no imposible; y el 30 % restante sería muy complicado que pudieran competir con garantías (deficiente gestión, inadecuada ubicación, escasa cultura empresarial, …). En los años siguientes al citado, se hicieron algunas actualizaciones puntuales, incrementándose el segundo grupo a costa del tercero; pero el cuarto se mantuvo, en términos generales. Ahora, la situación ha cambiado: mucha más incertidumbre que afecta sobre todo a los grupos 2 y 3 al, un 40 – 45 % del total.
Sin atreverme a extrapolar dicha información, parcial, sí puede orientarnos en términos cualitativos en dos aspectos: hay un % importante de empresas que pueden salir adelante mientras que -lamentablemente- otra cantidad relevante lo tendrá muy muy difícil, por doloroso que sea.
A la hora de apoyar a las pymes, aplicar un criterio de selección resulta decisivo, y tener claro las que pueden ser viables, más. Esto parece obvio, pero la experiencia me dice que no lo es siempre, tendiéndose -como me decía un buen amigo periodista hace años- a coger una regadera y mojar (que no regar en condiciones) a todos o al máximo posible, dispersándose los esfuerzos.
El futuro de muchas empresas depende de conseguir una financiación entre 300.000 – 1.000.000 de €. En estos momentos, algunas cobrarán atrasos y otras (la mayoría) continuarán necesitando recursos. El problema es que lo necesitan ahora, ya, este año, 2012. Y, al final, la gran cuestión es como podría establecerse un instrumento público – privado, para compartir riesgos. Esta semana que acaba revisé, por un motivo concreto, una reunión que celebré en 2010 con un grupo de concesionarios de automóviles preocupados por su situación, y con la finalidad de estudiar una propuesta para las AA.PP., consistente en una rebaja del impuesto de circulación. Pondré un ejemplo (el original modificado): 500.000 coches x 25.000 € = 12.500 m€ (recaudación fiscal: unos 3.500 m€); mantenimiento de “x miles” de puestos de trabajo que ahorrarían “y” millones en subsidios, … Al final la clave es el balance resultante. A varios nos “salían los números”, pero podíamos estar equivocados y quizás por eso no pudo realizarse (¿o quisimos ser “demasiado” audaces?).
Decía Einstein (no es textual) que en épocas de crisis no se puede seguir haciendo lo mismo y de la misma manera. Podría aplicarse a un empresario, una Comunidad Autónoma, una organización empresarial, …, pero no terminamos de hacerlo y/o vamos muy lentos, o quizás con el tiempo y la edad nos haya aumentado la miopía, trastorno visual que hoy puede corregirse (incluso en el caso de los “líderes”), refiriéndonos a las pymes.
Acabo de darme cuenta que me he extendido mucho más de lo que tenía previsto. Tendré que acabar esta serie de artículos (Quo Vadis …?) la semana próxima. Espero me disculpéis. Saludos a todos.
(1) http://www.dsanturtun.com/blog/2012/03/quo-vadis-i/
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26.02.12
Continuando el blog de la semana anterior (To be or not to be), y a partir de experiencias concretas me extenderé en la importancia de la reputación, esencial para implementar una estrategia de marca aplicada a una ciudad, región o país, en un contexto donde para competir hay que abordar dos nuevas (o viejas) situaciones características del actual paradigma:
1) La competencia creciente entre territorios, que aumentará de forma exponencial.
2) Las “reglas del juego” impulsadas por diversos países del “Club UE”, y que lejos de ser el resultado de una “media aritmética” entre todos sus integrantes, en realidad son establecidas por los países líderes como parte esencial de su cultura.
1) y 2) están, en algunos casos, íntimamente relacionadas (vasos comunicantes, p.ej. a la hora de captar recursos económicos), y parte del éxito dependerá de la reputación. Uno de sus ingredientes mas significativos es la actitud que tengamos para implementar una parte de la estrategia, y que en determinados ámbitos se simplifica y traduce como seriedad. A ello me referiré por relación directa con el posicionamiento territorial.
Semanas atrás comenté los “daños colaterales” (1) que se han derivado de la crisis 2007-2011, y en uno de ellos (¡Más madera!, se titulaba) resalté la caída en la calidad de servicio de diversas actividades. A esto debe unirse que todos nos hemos hecho más exigentes, miramos qué cuesta lo que compramos, los impuestos … El ciudadano está más y mejor informado a la hora de elegir opciones (p.ej. visitar un país u otro, comprar a una empresa u otra, …). Disculparemos menos los errores y la falta de eficacia y eficiencia.
Veamos algunos ejemplos:
1) Hace varios días charlé en un avión (compañeros de asiento) con un empresario austriaco. Una vez roto el hielo inicial, me preguntó si era verdad que en España las AA.PP. pagaban a los proveedores con retrasos de 1 año (la ley -aprobada sabiendo lo difícil de su cumplimiento- establecía en 2011 el plazo de 50 días). Coincidió que el que suscribe lo está padeciendo (a veces > 1 año). En otra ocasión un interventor municipal me dijo -al preguntarle cuando pagarían- que ya sabía yo antes del contrato que dicha entidad pagaba mal (¡menuda justificación!)… Y, estos días hemos leído que el Estado avalará a los ayuntamientos para que paguen (buena noticia), pero que cobrarán antes los que hagan una quita (no me parece serio: tendrían que saldar todas las deudas, completas y con intereses).
2) Un aspecto esencial, para atraer inversiones p.ej., será como funcione una AA.PP, cómo sea de ágil y “facilitador” (licencias, trámites, …). Lo considero elemento esencial para generar confianza y restablecer el concepto de servicio público. Y, la implantación de la e-administración está siendo muy lenta.
1)+2) puede ser parte de una hoja de ruta para el apoyo a las pymes. Sólo con dichos temas se mejoraría de forma significativa.
3) Muchas veces ponemos como ejemplo a los ingleses, por el prestigio de sus costumbres, instituciones, investigaciones independientes, … Es verdad que no tienen sol y que allí se come muy mal (eso dicen), pero ¡cuanto podemos imitar! de algunos de nuestros socios europeos, que no son perfectos, pero ….
4) Leo en El Mundo Cantabria (17.02.12): “Las empresas ubicadas en … no están satisfechas”, haciendo referencia al estudio “Los atractivos de localización para las empresas españolas”, publicado por FUNCAS. A él me remito y sus 27 factores analizados, como referencia de análisis que puede ser útil (sin centrarnos en el caso concreto).
5) Estos días han aparecido en diversos medios internacionales noticias sobre lo poco que se invierte en España en ciencia e I+D+i.
Lo que me parece más interesante de los ejemplos expuestos, con todos sus matices y teniendo en cuenta que este año y el próximo serán extraordinarios, es que muchas de las cuestiones indicadas suceden desde hace tiempo: unas en sus propios términos y otras por comparación.
Los territorios pueden lograr auténticas ventajas competitivas si abordan algo de lo anterior, con mayor preocupación por los aspectos endógenos. Sinceramente, creo que es posible y a esta esperanza me aferro.
Termino, repitiendo lo ya planteado en el artículo anterior: o se tiene marca (y reputación) o no se tiene; y, ahora añadiría: o se es serio o no se es. Hemos mejorado pero aún queda camino por delante para generar auténtica marca territorial en muchos lugares. La constancia y la VISIÓN resultarán esenciales, en un mundo globalizado.
Más adelante me centraré (así lo han solicitado varios lectores del blog) en cómo desarrollar la imagen de marca, y en ese comentario tan interesante aportado: cómo mantenerla, pues “no se trata de ser sino de estar siendo”.
Hasta la semana próxima.
(1)
http://www.dsanturtun.com/blog/2011/10/collateral-damagei/
http://www.dsanturtun.com/blog/2011/11/%C2%A1mas-madera-danos-colateralesii/
http://www.dsanturtun.com/blog/2011/11/%C2%BFtierra-a-la-vista-danos-colaterales-y-iii/
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19.02.12
Hoy quiero reflexionar, aprovechando varios temas de actualidad, sobre la imagen de marca de los territorios y las ciudades, y su relación con el concepto de “reputación”. También podríamos aplicarlo a empresas, incluso a personas.
El posicionamiento (cómo nos perciben, lo que opinen de nosotros) y la reputación (que forma parte de lo primero, en términos de “vara de medir” a nivel cualitativo) están unidos; y lo segundo será consecuencia de lo primero si la estrategia competitiva está bien implementada y se apoya en aspectos tangibles o ventajas competitivas. Pero, a veces un concepto y otro pueden no estar bien hilvanados, dejando fisuras por donde se pierde capacidad de competir. Además, posicionamiento y reputación pueden solaparse en nuestras mentes: queremos encontrar lo que esperamos, lo cual hace más difícil el desarrollo de una imagen de marca en un mundo donde pueden dominar las percepciones (y con una caída de la demanda que lo complica todo).
Recordemos los tres enfoques competitivos clásicos, según lo expuso Michael E. Porter: ser líder en costo (puede o no ir unido también a “precio”), diferenciación y/o concentración. Tener imagen de marca forma parte de la segunda opción, y ha de apoyarse en valores o ventajas determinadas para ser tangible, siempre desde la perspectiva de “nuestros compradores” (o turistas, o visitantes, o inversores …).
Los valores que destaquen en la marca (p.ej. la de una ciudad), además de su interés material o utilidades (cultural, económico, …), han de salvar el filtro de la reputación (interés cualitativo) para tener reconocimiento: me refiero a seriedad (fiabilidad y ausencia de sorpresas), ética, sostenibilidad, seguridad (jurídica y física), amabilidad, … En estos momentos los dos primeros (seriedad y ética) tienen una importancia decisiva, y progresivamente lo tendrá también el tercer valor. Veamos algunos ejemplos:
Ejemplo 1: Las noticias que hemos conocido estos días sobre los “guiñoles” de una TV francesa, atacando y ridiculizando (injustamente y con “mala baba”) a varios deportistas españoles. En mi opinión, daño han hecho a la imagen internacional de la marca “España” en países donde tenemos “clientes potenciales”); y quizás mayor del esperado por el hecho de contarlo y repetirlo una y otra vez (haciendo de altavoces).
Ejemplo 2: Las informaciones de prensa sobre las medidas (en reciprocidad, dicen) especiales en el control de aduanas que Brasil está aplicando a los visitantes españoles. Hoy un diario nacional (El Mundo) comenta que “… puede hacer peligrar la imagen de España en América”.
Ejemplo 3: inseguridad jurídica en algunos territorios (derribos de casas construidas con licencia urbanística, que luego se declaran ilegales).
No pretendo ser exhaustivo: seguro que todos podemos citar diversos casos, además de analizar la situación en nuestros propios ámbitos (ciudad, empresa, …); y sin olvidar que hay muchos ejemplos positivos. De cómo actuemos en cada caso (siempre es mejor antes que después), respecto los problemas concretos, puede depender la permanencia de la marca y la percepción de sus valores.
Si queremos que aumente el turismo, atraer inversiones y generar actividad económica, debemos tener una alta reputación. Y, si ocurriera algo de lo indicado en los ejemplos, la imagen de marca se resentiría y recuperarla sería muy laborioso. ¡Qué difícil es crear una marca y qué fácil perderla! Además, normalmente no nos daríamos cuenta hasta que fuera tarde (de ahí la necesidad de tener operativa una “antena de alerta“).
To be or not to be: that is the question, decía Shakespeare en Hamlet. Aplicándolo al caso que nos ocupa, diría que o se tiene imagen de marca o no se tiene. Ser o no ser: raramente se logra “un poco de marca”. Hace días me lo confirmó un amigo empresario que acababa de tener un problema de credibilidad (y, por tanto, de reputación), por la deficiente calidad de un lote de productos.
El nuevo paradigma en el que estamos, está provocando un aumento de competencia entre los territorios, las ciudades, las empresas, las personas. Para salir airosos y competir, hay que tener una clara imagen de marca, suya solidez nos lo dirán los “clientes” (ciudadanos y/o compradores). Pero el tema claves es saber mantenerla, con una estrategia bien articulada donde la reputación cobra mayor protagonismo.
¿Qué imagen de marca y qué reputación tenemos? Deberíamos saberlo …
(continuará la semana próxima)
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